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Conferencia: LA CIUDAD DE VIRA, UN TERRITORIO FRONTERIZO A LO LARGO DE LA EDAD MEDIA

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Hoy, la Asociación Amigos de El Argar (AAA) presenta un amplio resumen de la interesante conferencia realizada por los arqueólogos Lorenzo Cara Barrionuevo y Domingo Ortiz Soler el 27 de abril del pasado mes, para todos los que no pudieron ir, incluyendo diferentes recortes de prensa.

La Asociación Amigos de El Argar, en su constante apoyo a todas las iniciativas en favor de la puesta en valor y conservación del importante patrimonio arqueológico del sureste almeriense, hace tiempo que promociona conferencias, impartidas siempre por especialistas conocedores del tema, para dar a conocer nuestro rico legado historico-arqueológico, y en especial los importantes restos arqueológicos de la cultura del Argar.

En esta ocasión, Lorenzo Cara Barrionuevo, arqueólogo y exconservador de la Alcazaba de Almería y Domingo Ortiz Soler, arqueólogo y director del Museo Historico de Vera, nos hablan de Vera durante la Edad Media y del importante yacimiento arqueológico del cerro del Espíritu Santo.

 

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Lorenzo Cara Barrionuevo y Domingo Ortiz Soler.

 

Conferencia

La ciudad de Vira, un territorio fronterizo a lo largo de la Edad Media’, es el título de la conferencia que Domingo Ortiz y Lorenzo Cara pronunciaron el pasado 27 de abril en el Convento de la Victoria de Vera. Aprovechando la Conmemoración del V centenario del Terremoto de 1518, que asoló la ciudad, el Ayuntamiento pretende llevar a todos los ciudadanos la historia y arqueología del Cerro del Espíritu Santo, antiguo enclave de Vera la Vieja. Lo hará a través de actividades que se celebrarán a lo largo de todo el año así como la divulgación a través de conferencias y publicaciones.

 

LA CIUDAD DE VIRA, UN TERRITORIO FRONTERIZO A LO LARGO DE LA EDAD MEDIA

Domingo Ortiz- Lorenzo Cara

Con esta conferencia de arqueología -que es la ciencia que se ocupa del estudio de las sociedades humanas a partir, fundamentalmente, del análisis de sus restos materiales- trataremos los aspectos más relevantes de la práctica arqueológica en el cerro del Espíritu Santo con los procedimientos de investigación acordes con nuestra profesión, reflexionando también sobre los aspectos relativos a la conservación, protección y transmisión de este pasado como importante  patrimonio arqueológico. Con ello planteamos acercar la Historia y la Arqueología de este enclave desde la prehistoria, a través del ejemplo concreto de los más de 34 años de voluntariosa investigación que venimos llevando a cabo, y para transmitir la importancia de lo que fue Vera la Vieja, con método científico y con pensamiento crítico para el conocimiento del pasado y del presente de los orígenes de esta ciudad, además de concienciar sobre la importancia y la defensa del patrimonio histórico y arqueológico desde una perspectiva global (que integre este Monumento  y otros elementos menos visibles del este Patrimonio histórico en su contexto geo-histórico). Este elemento Patrimonial ha sido declarado con la tipología jurídica Como Zona Arqueológica BIC (Bien de Interés Cultural), publicado en el BOJA  con fecha 20 de marzo de 2006.

El yacimiento es de gran potencial arqueológico, dado que se han constatado restos desde época prehistórica y romana, aunque los restos emergentes más importantes se vinculan directamente a momentos de la ocupación musulmana, en concreto a la ciudad de Bayra. De este asentamiento se aprecia su perímetro amurallado, diversas torres de planta rectangular y una alcazaba que se situaba en la parte más elevada. En el interior de este recinto, que alcanza una extensión de 12.500 metros cuadrados, se han documentado restos de viviendas, silos, aljibes, entre otras estructuras, mientras que en la parte superior y con fisonomía rectangular se halla la alcazaba. También se han podido localizar, en este caso extramuros, dos arrabales con cimentaciones de viviendas y un aljibe además de hornos de alfarero. Las viviendas ocupaban las laderas, adaptándose al terreno y desarrollándose en terrazas.

En la parte superior del cerro se ubica la alcazaba, de planta rectangular, que se vio afectada profundamente por el terremoto de 1518. Presenta restos de un muro perimetral de tapial con evidencias de tres torres rectangulares en las esquinas. La entrada se realizaba mediante escalinatas, de las que se conservan tres peldaños y un posible acceso acodado en rampa hacia la zona donde se emplazaría la torre residencial.

En el interior de este recinto superior se distinguen restos de una habitación cuadrada que en planta presenta evidencias de la división en dos espacios diferenciados. En el sector sur aparecen una serie de muros sobre los que se ha colocado una peana del Sagrado Corazón, mientras que en el lado este se localiza un aljibe que atraviesa la zona superior en su totalidad. Las torres de esta alcazaba son de fábrica distinta a los muros, en este caso estos son de cal y cantos. Las torres que se adosan a las esquinas presentan un sistema constructivo a base de un zócalo de calicanto, sobre el que se levantan cuerpos en tapial. El acabado exterior se hace mediante enlucido, creando un aspecto alisado. También se han hallado restos de viviendas extramuros, documentándose al norte y sureste del recinto.

La muralla que rodea este recinto es de varios tipos de fábrica. En algunos lienzos se observa un zócalo y la continuación del alzado, realizado mediante cajones, siguiendo la técnica de la tabiya, a base de piedras de pequeño y mediano tamaño, usando como aglutinante cal y arena, así como también muros de sillarejos, que recuerdan la arquitectura defensiva califal. Estos paños de muralla, mediante estudios de arqueología muraria que hemos desarrollado, nos confirman varios momentos de construcción, reparaciones y readaptaciones, confirmando sus diferentes cronologías a lo largo de su existencia.

El amurallamiento del sistema defensivo de la ciudad se extendía a media ladera del cerro, adaptándose al relieve del mismo. Anexos a la muralla se localizan cinco aljibes, encontrándose adosados a las murallas con el fin de contribuir a su solidez, recoger la máxima cantidad de agua y economizar espacio, se dispusieron simétricamente a ambos lados de las vertientes. Todos los aljibes tienen las mismas características generales: una sola nave abovedada con paredes de mortero hidráulico de cal y canto. El segundo aljibe se adosa a un saliente de la muralla opuesta, rebajando en parte su paramento interior. El tercer aljibe se encuentra perpendicular a la muralla. El último aljibe es conocido como “Cueva de la Bruja” y presenta características semejantes a los anteriores.

En un momento indeterminado se acondicionó una ermita en uno de los aljibes. Ésta presenta una sola nave rectangular con cubierta de bóveda de cañón, en cuyo centro se encuentra la apertura por donde se alimentaría la cisterna. Al transformar esta estructura en ermita se acondicionó e incorporaron una serie de elementos, como un pequeño cuerpo a la entrada, que define un espacio superior a modo de coro, al cual se accede mediante una escalera de caracol. Se abrió también un vano, que actuarían como puerta y, aprovechando el hueco de la entrada de agua del decantador como vano de ventana. Aún se conservan restos de la decoración como un marco en bajorrelieve, situado en lo que sería la cabecera del edificio, para la colocación de un cuadro que en sí constituiría un sencillo altar; también una estrella de ocho puntas situada en la parte inferior del forjado del coro, así como un zócalo pintado que simula un despiece de mármol con formas diversas. Una inscripción pintada en negro sobre la pared reza P.V.D. AD 1870.

Datos históricos

La zona geográficamente denominada como Tierra de Vera mantiene una ocupación humana de forma continuada desde el Paleolítico Superior con ejemplos, que señalan la importante evolución histórica de la zona que le llevará a desarrollar marcos propios para procesos posteriores como el Neolítico o el Bronce. Los últimos estudios llevados a cabo evidencian la relación e importancia directa entre el comercio y explotación de los recursos mineros de la zona, con la expansión y desarrollo de esta cultura material. A partir de este momento, la explotación de los recursos mineros potencian las relaciones comerciales por todo el mediterráneo y en la zona surge el poblado de Villaricos, junto a la desembocadura del río Almanzora y situada sobre una zona de ensenada. De esta forma, nos encontramos ya con la Baria fenicia que posteriormente se convertirá en la Baria romana, hasta llegar al topónimo de Bayra árabe. Es evidente que el cerro del Espíritu Santo mantiene vínculos con todos estos procesos históricos, la aparición de materiales prehistóricos y materiales romanos tardíos, lo relacionan con los diferentes momentos. Los restos emergentes más importantes y visibles en la actualidad lo vinculan directamente a momentos de ocupación musulmana.

Vera fue centro administrativo de la comarca, camino natural de entrada hacia Almería por la zona de Levante. La provincia de Bayra perteneció a la cora de Tudmir, dentro de la división territorial musulmana. En ella se establecen grupos clánicos. Fue distrito dependiente de Toledo, dentro de una división político-administrativa más pequeña, de las que dependían un numero de ciudades y pequeñas villas. Bayra es el iqlim costero más meridional de la Cora, sobre ella se encuentran referencias en algunos cronistas musulmanes citado por Al-Udri como ciudad administrativa y financiera, puramente agrícola.

Al Idrisi (s. XII) menciona su amurallado recinto, la importancia de esta apreciación por parte del cronista viene motivada por el conocimiento y exhaustividad con que se refiere a las murallas de la ciudad. Fuentes árabes indican la importancia de la ciudad fortificada, ya en las referencias a la construcción de su mezquita. La muralla del Espíritu Santo, la antigua ocupación de Vera, es el referente arqueológico para explicar los diferentes acontecimientos históricos, por lo que ha pasado reflejo de su actual estado de conservación. En ella, se han documentado algunas pequeñas torres rectangulares. Sin embargo, el conjunto ha llegado hasta la actualidad bastante modificado.

En el periodo Taifas, de 1009 a 1091, la cora de Tudmir, con la tierra de Vera en su órbita, cae durante los primeros cuatro años en manos de los beréberes. De 1013 a 1038 está en poder de los reyes eslavos de Almería. De 1038 a 1041, es regida por Ibn Tahir bajo la soberanía del rey de Valencia Abd al Asís. De 1041 a 1051, obedece con Lorca al rey de Almería. De 1051a 1054, siempre a la órbita de Lorca, se independiza de Almería para caer en manos de Ibn Tahir, rey de Murcia. De 1078 a 1090, los reinos de Lorca y Murcia son disputados por el rey de Sevilla al Mutamid e Ibn Rasiq, un caudillo local. Poco después, todo el sudeste cae en manos del almorávide Yusuf b. Taxufin.

A partir del tratado de Alcaraz firmado por el rey de Murcia y el infante D. Alfonso, el dominio castellano se consolida en tierras de Murcia. Vera asume un papel de ciudad fronteriza, convirtiéndose en un peón de los reinos de Lorca y Almería. Alrededor de las grandes fortalezas fronterizas, se desarrolla un sistema de atalayas cilíndricas de mampostería, levantadas en el primer cuarto del siglo XIV, zona de Vera y los Vélez. Muhammad V durante su reinado, emprende obras de restauración y consolidación de las fortalezas de la frontera y del interior. En 1436 capitularon las poblaciones de Vélez Blanco, Vélez Rubio, Albos, Oria, Arboleas, Cantoria, Zurgena, Albanchez, Overa y Cuevas

Los datos más antiguos de época islámica se remontan al siglo IX, asentándose ya durante el siglo XI como ciudad-medina cuando se convirtió en el centro administrativo de la comarca con su planteamiento como fortificación de frontera durante el reino de Taifa de Almería con Murcia y camino natural de entrada hacia Almería por la zona de Levante, perteneciendo a la cora de Tudmir, dentro de la división territorial musulmana.

Es aquí, donde nace la Vera musulmana, ciudad fronteriza también del reino nazarí de Granada con las cristianas tierras de Lorca partir de la segunda mitad del siglo, y tierra por lo tanto de frecuentes enfrentamientos hasta su toma, en 1488 por Fernando el Católico.

Munzer, en su viaje a Vera en 1494 afirma que había unas 600 viviendas en la población del cerro.

En 1518 fue asolado por un terremoto que destruyó todo el pueblo, sólo quedando en pie parte de la muralla y algunos aljibes.

Pero esta es otra historia…

 

 

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Artículo de Carlos Visiedo en La Voz de Almería

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Diferentes publicaciones de Domingo Ortiz en el Ideal.

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